La Parentalidad Positiva

“A menudo los hijos se nos parecen, así nos dan la primera satisfacción…”

dice la consabida canción de Serrat. Pero un día, de repente, se transforman en alguien que tiene la apariencia física de nuestro retoño, pero no reconocemos como tal. Entramos en crisis. Nos quedamos sin energía y sin recursos. Nada de los “trucos” anteriores nos es válido y es cuando volvemos nuestra mirada a los y las profesionales de la educación y el comportamiento, no sin antes engullir cantidades ingentes de frustración, culpabilidad e indefensión. Para colmo los programas televisivos no ayudan porque la figura parental queda bajo mínimos ante la imponente autoridad de la “Nanny” o el “Hermano mayor” que ha sabido salir de las drogas, cuando tú, como mucho, no te pierdes en el metro. En fin… que nos pilla sin el consabido manual de instrucciones ni la pedicura hecha.

Yo estoy más que harta de que me digan cómo debo educar a mi hijo, en qué cosas fallo y que es lo que debo decir a cada momento. Tengo muchas mochilas en mi espalda y nunca he encontrado la fórmula no mágica, porque eso no existe, pero si algo efectiva para mejorar la comunicación con él. Así que cuando vi lo de “parentalidad positiva” me dije que esto sí era lo que a mí me iba a venir al pelo. La idea de positiva, me alejaba de mi imagen gritando a todas horas como una posesa y con el reproche en ristre, mientras mi pareja se tumba en el sofá, en actitud ajena, vamos que no va con él y yo monto el jaleo a diestro y siniestro. Resultado: una caja de bombones que cae esa tarde y varios días de caras largas.

En fin, que lo de positivo me atrae muchísimo porque estoy muy cansada de estar cansada, triste e impotente. ¿Tan mal hablo el español que mi hijo no me entiende? En el taller de parentalidad positiva que tuve la oportunidad de asistir el pasado treinta de mayo, me vi acompañada de padres y madres tan perdidos como yo. Como podéis imaginar, las miradas de complicidad y los codazos entre nosotros, eran muy frecuentes a cada cosa que nos contaba la coach en tono desenfadado para amenizar. Entre dinámicas y vídeos muy oportunos, fuimos descubriendo que no todo se basa en tener grandes listas de exigencias y que tampoco lo hacemos tan mal. Lo mismo estamos dejando de lado el objetivo principal y nos presionamos demasiado con cualquier otro menos importante. Durante esta sesión, hablamos de corresponsabilidad (no sabía que existía esa palabra) de honestidad como padres y madres y de comunicación.

Hablamos de cómo nos sentimos y la verdad encontré mucho alivio al poderlo compartir con el grupo. Hablamos también de diversidad familiar, de proyecto de familia que nunca me paré a pensar si yo elaboré alguno o todo fue rodado en mi vida. Al final encontré que tenía preguntas que hacerme como madre y como persona. Quizás deba poner el foco en cuestiones más tangibles, pero me quedé con ganas de más y por eso me he apuntado al curso que dan en esta asociación. Espero hacerme una gran experta en parentalidad positiva gracias a los aprendizajes del coaching familiar. Pero lo que de verdad anhelo es dar lo mejor de mí misma, una vez más, sin caer en los errores del pasado. La vida se trata de ser felices ¿No estáis de acuerdo?

Elena Cabrese

Elena Cabrese

Socióloga y madre experta

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